LA PRENSA EN EL URUGUAY, DESDE SANGUINETTI A MUJICA

El “viejo guerrillero desaliñado y mal hablado” da una lección al mundo.

 

La semana pasada José Mujica afirmó en una entrevista con la revista brasileña Veja que “los gobernantes no deben responder a las críticas de la prensa”, sino “soportarlas” porque “si reaccionan, pierden dos veces”.

Mujica también se manifestó contrario a cualquier medida para controlar o regular a los medios de comunicación. “La mejor ley de prensa es la que no existe”, afirmó nuestro Presidente, acuñando una frase que recorrió el mundo y mereció unánimes elogios desde los más diversos ámbitos políticos y periodísticos

Según Mujica, “cuando un gobierno se muestra más tolerante con la diversidad, ayuda a formar una prensa respetuosa”, pero si opta por “radicalizar sus políticas, se va todo al diablo, y la cosa se pone peligrosa”, porque “la prensa se transforma en una espada de lucha”.

Estas fueron algunas de las frases de quien fue calificado por Sanguinetti –y lo pregonó en todo el mundo- como un “viejo guerrillero desaliñado y mal hablado”. Una total falta de respeto solamente comprensible por provenir de quien ha hecho de su vida un continuo ejercicio de irrespetar al pueblo, a las leyes, a la Constitución, y  a los códigos de Moral y Ética.

Obviamente que Mujica -por su buena educación- no contestó. Pero quizás yo lo haga, porque a pesar de haber tenido una excelente educación en mi hogar y en un Colegio Salesiano, a veces olvido algunas elementales reglas (mejor dicho, me obligan a olvidarlas) y me convierto en lo que siempre digo que soy: un bruto escribidor. 

Más adelante analizaremos la relación que tuvo con la prensa quien para mí, como para la mayoría de los uruguayos, es un “viejo corrupto y fascista, bien vestido y mal parido”.  Innecesario decir que me refiero a Julio María Sanguinetti, de quien no puedo agregar que sea “bien hablado” dada su probada condición de plagiador.

 

La prensa en el pasado reciente del Uruguay.

 

Comencemos por algunas necesarias disquisiciones.

Los gobernantes corruptos se sustentan en 4 pilares fundamentales: a) el control de la Justicia; b) el control de los medios de comunicación; c) en el desconocimiento a los organismos nacionales de control y en la interferencia de la información que se eleva a organismos internacionales como Transparencia; y d) en el fomento de la corrupción en todos los estamentos de poder a fin de crear una pirámide de involucrados que, amalgamados por la complicidad, sean garantía del necesario silencio.

En cada uno de estos items se necesita, para su mayor efectividad, el apoyo de grupos de presión que por sus procedimientos podemos calificar de mafias. Estas pueden estar manejadas por individuos ajenos al poder político y que simplemente están a su servicio a cambio de protección e inmunidad, o en otros casos, estas mafias han sido creadas por los propios políticos. Un ejemplo claro y muy conocido sobre las mafias creadas y dirigidas por políticos lo tuvimos en el Uruguay, donde actuaron con gran eficacia  en el fortalecimiento de esos cuatro pilares que sustentan a los gobernantes corruptos, y en  forma muy destacada, en el control de la prensa.

En las ultimas décadas del siglo pasado los grandes medios de comunicación fueron, en casi toda Latinoamérica,  una especie de gigante estúpido y obediente que actuaba al mandato de gobernantes enanitos (por su estatura moral) y que montados sobre sus hombros le dictaban al oído lo que se podía o no (en otros casos lo que se debía o no) trasmitir.

En el Uruguay estos gobernantes enanitos aparecieron en el período de la dictadura cívico militar, y a partir de ese momento, por efecto de la obediencia impuesta desde el terrorismo de Estado, el gigante se acobardó más aún y se estupidizó totalmente.

En 1985 el “retorno a la democracia” –que como está demostrado solo fue un continuismo disfrazado- colocó sobre el gigante a nuevos gobernantes, tan enanos como los anteriores, pero mucho más poderosos, porque según ellos, estaban dotados de una legitimidad que aquellos no tenían. Pero bien se cuidaron de no aclarar que esa “legitimidad” les fue dada por un pueblo que tenía limitadísimas opciones, por no decir ninguna. Y no podemos traer a colación el dicho popular de que el Dr. Julio M. Sanguinetti corrió, en esas elecciones, “con el caballo del comisario”, porque estaríamos expresando una verdad a medias. Sanguinetti corrió sí, con un magnifico corcel, e indudablemente el favorito, porque fue preparado durante años en nuestras Fuerzas Armadas, y frente a éstos, los del comisario son unos pobres matungos.  La seguridad de su triunfo ya la comenzó a manifestar en 1978 (hay testigos) mucho antes del Pacto del Club Naval; y pudo hacerlo porque sabía que en 1985 entraría en la carrera casi solo, ya que los demás candidatos, los que sin ninguna duda lo habrían derrotado, estarían, convenientemente para sus intereses, proscriptos, encarcelados, o simplemente asesinados por quienes apostaron por él todos los boletos. Y cuando llegó al poder, lo primero que hizo fue mandar a su secuaz Walter Nessi a que se subiera en los hombros del sumiso gigante “medios de comunicación”. Y comenzó sobre éstos un dominio sin parangón en la historia del país.

Walter Nessi, Elias Bluth y Zanochi, fueron los máximos exponentes de esos ágiles trepadores que dictaban al oído del estólido gigante los mandatos del Presidente, y la libertad de prensa y la libertad de expresión, pasaron a ser solo dos frases de uso continuo para embellecer cínicos discursos pero cuyo contenido estaba totalmente negado por la realidad. No vamos a analizar en esta nota uno de los métodos más utilizados por los gobiernos de cualquier parte del mundo –corruptos o no- para presionar a los dueños de los grandes medios y poder influir en la opinión publica orientándola en favor de sus intereses; nos referimos a la colocación de los avisos del Estado. Sobre el tema sobran los análisis, y solo diremos que es la forma más “legal” de incidir en desmedro de la libertad de prensa. Los otros métodos, los no tan sutiles, los que directamente apuntaron a silenciar a los medios, fundamentalmente con los miedos, fueron ensayados todos, y con éxito, durante los dos gobiernos de Julio M. Sanguinetti. Y de la misma forma que a esta aseveración llegamos luego de un profundo estudio de la realidad de esos dos quinqueños –en el que sobran los ejemplos y las pruebas testimoniales- debemos decir, que si durante los gobiernos del Dr. Luis Alberto Lacalle y del Dr. Jorge Batlle hubo episodios en los que se utilizaron esos métodos directos –siempre inmorales y casi siempre delictivos- para silenciar a la prensa, los mismos no fueron promovidos desde el Gobierno sino desde el poder que siguió detentando el Dr. Sanguinetti. Y no solo la prensa fue víctima de atropellos durante esos períodos en los que él no gobernó, sino también, el Poder Judicial. (Ya lo analizamos y lo demostramos en varias notas anteriores.)

De 1985 a 1990, y desde 1995 al 2000, fueron los diez años de la reciente historia del Uruguay que a cualquier estudioso le permitirían escribir la más brillante y completa antología de los métodos destructivos de la libertad de prensa y de expresión, amén de otras. Y en ella se podría apreciar la amplia gama de acciones destinadas a silenciar todo hecho de corrupción (o simplemente político de trascendencia negativa), desde el chantaje, la coacción, las amenazas, y hasta dar la orden de callar porque es un “asunto de Estado” como lo hizo –pongo un solo ejemplo- cuando prohibió a la prensa entrevistar a mi hermano luego de destituirlo vilmente, o por considerar que podía crear “alarma pública” como lo hizo –pongo otro ejemplo- cuando obligó a que la prensa silenciara la condena a prisión de Roberto Asiaín. También podría exponer ejemplos que demostrarían la sujeción de algunos dueños de medios de comunicación al poder mafioso de Sanguinetti en aquellos casos que, la orden no fue silenciar hechos de corrupción y/o crímenes, sino publicar determinados hechos para propiciar que terceros cometieran un crimen. Sobre este último punto no expondremos ejemplos. Y no dejo de hacerlo por razones de espacio (que podría justificarlo así porque su exposición es muy extensa) sino porque conforman algunos de los muchos puntos que me reservo para revelar en la Justicia, pero obviamente cuando en el Uruguay el Poder Judicial vuelva a ser un PODER INDEPENDIENTE. Por ahora es independiente –gracias a la sanidad moral y el espíritu republicano de los actuales gobernantes- de los otros poderes del Estado, pero NO del PODER MAFIOSO  de Sanguinetti. (Ya lo analizamos en la nota “Justicia… ¿Qué Justicia?”, que pueden leerla haciendo un click en los Archivos de la “Columna de Elliot Ness”).     

Ahora vamos a analizar –y también con un solo ejemplo- como operó el poder corrupto cuando un periodista de esa estirpe de valientes que se está extinguiendo, se negó al servilismo o a las presiones y se enfrentó decididamente a Julio María Sanguinetti. 

El ejemplo a exponer: el ex Senador colorado Manuel Flores Silva, Director de “POSDATA”, y la metodología empleada por nuestro “paladín de la democracia” para silenciar a este gran periodista.

 

A 8 años del cierre de POSDATA.

 

El ex Senador del Partido Colorado, Profesor Manuel Flores Silva, lleva sobre sus hombros, y con lógico orgullo, lo que para los gobernantes corruptos es sin duda un gran “estigma”: haber heredado la probidad, dignidad, y valentía de su padre. Otros correligionarios suyos, y pongo como ejemplo al Prof. Luis Hierro López y a Fernández Faingold, han podido sacudir de sus espaldas y aventar lejos y para siempre esa “herencia maldita” de  virtudes paternales con las cuales, sin ninguna duda, no habrían podido avanzar ni destacarse en la brillante carrera de indignos políticos. Para éstos, Manuel Flores Silva fue, y lo sigue siendo, algo más que un estorbo, porque hay virtudes que los corruptos no perdonan, y casualmente son aquellas que este gran político y periodista ha demostrado poseer en lo que va de su larga trayectoria en ambos campos.

Desde la Revista POSDATA, primero, y luego desde POSDATA FOLIOS, combatió la corrupción en la forma que se debe hacer: investigando en profundidad, seriamente, poniendo sin temores la mira en las cúpulas del poder político y en todos los estamentos y centros de poder donde la pudrición se estaba enquistando, nominando a los corruptos sin amedrentarse por sus investiduras, denunciando los modos operativos de los narcotraficantes y lavadores de dinero en connivencia con algunos policías, y presentando siempre pruebas documentadas y testimonios incuestionables. No combatió la corrupción desde esas ópticas cuasi filosóficas que analizan causas y efectos –con muy buenas intenciones- pero que en definitiva no solamente no sirven para impedir el avance de este azote, sino por el contrario, permite que los grandes inmorales gocen ante la aparición de esos sesudos ensayos que sirven a sus intereses por inducir a que la gente crea que con su aplauso al contenido de los mismos, ellos están en el bando de los seres impolutos. Es más, en este país se llegó al extremo de que un defensor a ultranza de todos los correligionarios que estaban envueltos en actos de corrupción (en los que sobraban las evidencias pero que nunca se podía llegar a la condena por una manifiesta obstrucción a la Justicia), haya escrito unos libritos de análisis y repulsa a este flagelo que pueden considerarse  –merced a quien fue su autor- unos magníficos tratados de la Hipocresía y el Cinismo. Me estoy refiriendo a Washington Abdala, quien hoy, luego de ocupar en el período anterior una banca en el Parlamento y haber conformado junto a Sanguinetti una de las máculas más grandes y vergonzosas que haya tenido ese recinto a lo largo de su historia (ahora tenemos a Aldo Lamorte) felizmente desapareció de la vida política al ser traicionado por “el paladín de la democracia”. Y ya que los traje a colación aprovecharé a decir que al situar la amoralidad de estos individuos -con perfección geométrica- en las antípodas de Manuel Flores Silva, le estoy haciendo a éste el más merecido homenaje.

En esta introducción al tema “cierre de Posdata”, quizás algo extensa pero necesaria, nos hemos referido a tres hombres del Partido Colorado, dos de los cuales fueron los más importantes aliados de Julio M. Sanguinetti en su empeño por demoler este Partido: Hierro López y Abdala. Y fueron ellos precisamente, quienes durante algunos años se ensañaron en destruir a Flores Silva en lo que fue, a mi criterio, la más brillante manifestación de su esencia de periodista: POSDATA.

Esta Revista de edición semanal nació a finales de 1994, es decir, pocos meses antes de la asunción de Julio M. Sanguinetti a su segunda Presidencia, lo que ya auguraba un tremendo éxito en función de la abundancia del material sobre actos de corrupción que sin duda llegaría a la Redacción en el siguiente quinqueño. Y así fue, material hubo y de sobra. Pero no fue una Revista dedicada solamente a este tema. Fue una Revista de altísima calidad por la amplia gama de secciones, por el gran interés que despertaba el nivel de su contenido, e incluso por una presentación -inusual en nuestro medio- que la colocaba a la altura de las mejores del mundo.

POSDATA era cultura, arte y fuerza; cada número fue un misil pintado por Van Gogh apuntando a la conciencia del lector. Pero el poder corrupto, no admite despertares de conciencia.

Llegado al punto, es fácil inferir la causalidad del mandato imperativo que, a nadie le quedaron dudas, surgió desde lo más alto de la cúpula del poder político: SILENCIAR a Manolo (cariñosamente llamado así por amigos y enemigos) validando todos los medios. Y se utilizaron los más innobles y abyectos, aquellos que son de uso exclusivo de los seres despreciables.

El 2 de Abril de 1998, Manuel Flores Silva es detenido junto a su hermano Felipe, Administrador de la revista, y a Eduardo Alonso, Subdirector de la misma. Cuatro días antes Manuel Flores Silva había comenzado a alertar al entonces  Ministro del Interior Luis Hierro López  y a Hugo Granucci, Director General de esa Secretaría de Estado (fue a mal puerto, pero era el único a la vista) sobre hechos comprobados de que algunos policías estaban amedrentando gente para que accionara judicialmente contra POSDATA. Diez horas después de su detención, y luego de interrogatorios llevados a cabo al margen de todas las normas, los hermanos Flores Silva y Eduardo Alonso fueron procesados por “estafa y libramiento de cheques sin fondos”. Cabe acotar que Felipe Flores Silva y Eduardo Alonso nunca firmaron un solo cheque de la empresa, y los diferidos que estaban firmados por Manuel Flores Silva fueron presentados antes de fecha como consecuencia de la acción intimidatoria de algunos policías, e incluso en algunos casos, estos cheques estaban inhabilitados al cobro por no haberse cumplido con la entrega de la mercadería que había generado la deuda. Voy a transcribir el copete de una crónica del proceso publicada en la edición especial de POSDATA, de fecha 17 de Abril de ese año, en cuya tapa se leía en letras de molde rellenas de ironía: “LA GRAN ESTAFA”, y en un costado: “El intento de silenciar a Posdata”. Decía así: “Una empresa periodística con problemas financieros. Una solicitud de concordato. Varias denuncias penales. Una inusual y agresiva acción policial, hoy bajo la lupa de una investigación oficial. Un proceso judicial tan veloz como desprolijo. La prisión de los directivos de Posdata. Un auto de procesamiento que no se conoce hasta 11 días después de las detenciones. Un juez que deja de lado su habitual reserva y sale a los medios a defender su sentencia y polemizar con los imputados. Una fiscal que no le va en zaga al magistrado y concede entrevistas a la prensa. El episodio convertido en un hecho político que involucró a las más altas autoridades del gobierno. Tras el escándalo, los imputados vuelven a declarar ante el Juez y la Fiscal, quienes parecen advertir ahora que el proceso no contó con las debidas garantías”.  Más adelante, en esa misma nota, se publican unas declaraciones del Abogado defensor de Flores Silva en el programa En Perspectiva, de CX 14, en donde manifestó su sorpresa por la “inusual rapidez” con que se pronunció el Juez Contarín, y añadió: “Dígame usted que empresa que gira por un volumen de más de 4 millones de dólares satisfactoriamente y luego sufre un endeudamiento que rebasa apenas el 10 o 12 % del volumen total de giro, incurre en una estafa. Ese es el endeudamiento propio del giro que tienen todas las empresas en la dinámica de los negocios”. Y ante otra pregunta del periodista, el Abogado respondía aludiendo a la situación de Granja Moro (el gran escándalo de corrupción de la época) empresa  que con una deuda de 90 millones de dólares y juicios por estafa presentados por organismos internacionales y entidades públicas nacionales, y que no había tenido hasta ese momento ni procesamientos ni investigación judicial. Y este comparativo expuesto tan oportunamente por el defensor de los directivos de Posdata,  permitió a la opinión pública entender, con mayor claridad, la causa de tan infame proceder: Manuel Flores Silva combatía a los gobernantes corruptos (léase Sanguinetti y su mafia), debía ser encarcelado; los empresarios de Granja Moro eran corruptos amparados por el poder político corrupto, debían seguir en libertad.

Pero Manuel Flores Silva siguió escribiendo desde la cárcel. Desde cárcel Central primero, y luego desde el “Tacoma”, demostrando que mantenía intacta una de sus principales virtudes: el coraje. Luego de un mes fue liberado, y a pesar del lógico debilitamiento financiero producto de estos episodios, POSDATA subsistió al impulso de la fuerza incontenible de quien quiso demostrarle al mundo que esos francotiradores de infamias que operaron desde el poder político  -con el apoyo logístico de sus fieles sirvientes de la Justicia, entre otros el Dr. Peri Valdéz- habían fallado en el vil intento de destruir su honor y dignidad. Y POSDATA sobrevive y se fortalece, su Director, su hermano Felipe y todo el equipo, siguen mostrando su frente en alto. Y una vez más, los que tuvieron que agachar la cabeza fueron aquellos que desde el poder político corrupto protegieron a la mafia policial que actuó en coordinación con un denunciante que resultó ser, además de extorsionista, usurero y falsificador –tal cual lo investiga y denuncia POSDATA 15 días después- el representante en el Uruguay del narcotraficante y lavador de dinero Raúl Vivas, quien hoy está cumpliendo en los Estados Unidos una condena de 505 años de prisión. 

Luego de un año, la brutal crisis económica que sufre el país como consecuencia del accionar de estas mismas mafias de la política y las finanzas, hace que esta Revista, orgullo nacional, se vea forzada a desaparecer. Pero Manuel Flores Silva no estaba dispuesto a que lo silenciaran ni los corruptos ni las adversas coyunturas económicas, y unos meses después aparece POSDATA FOLIOS, con bajo presupuesto, sin páginas satinadas, en modesto papel de diario, una sola tinta, casi sin personal, sin sede física, pero sin haber resignado ninguna de las cualidades que habían hecho a la grandeza de la Revista.

Y los políticos corruptos, los policías corruptos, los empresarios corruptos, volvieron a temblar.

Luis Hierro López tuvo que soportar la vergüenza -de tenerla- de la publicación (1-3-2002, No. 11) de la valiente denuncia del Inspector Mayor de la Policía, Eduardo Pereyra Cuadra, sobre un episodio que sin temor alguno de equivocarme me permite afirmar -y ya me cansé de repetirlo- que está en la causalidad de la expansión de la corrupción policial y el consecuente incremento de la delincuencia e inseguridad ciudadana que hoy padecemos. Y en ese mismo número de POSDATA FOLIOS se denuncia la incalificable mentira que Julio M. Sanguinetti sostuvo hasta el último día de su mandato sobre la “inexistencia” de Macarena, la nieta del poeta argentino Juan Gelman.

Y semana tras semana, POSDATA FOLIOS fue desnudando la corrupción, sin que el temor a las consecuencias le hiciera hesitar un instante a su Director a digitar con fuerza sobre el teclado los nombres de los grandes inmorales: Julio Luis Sanguinetti, Elías Bluth, Noachas, Lauzarot, Ernesto Laguardia, Luis Hierro López, Milka Barbato, y un largo etcétera que contenía mayoritariamente a políticos del Foro.

A las 15 semanas de su aparición, POSDATA FOLIOS dejó de publicarse. En los rostros de los fieles “soldados” de la mafiosa tropa de Sanguinetti, se dibujó una sonrisa de alivio y satisfacción.

Antes de cerrar esta nota debo hacer una crítica a la famosa aseveración que Jorge Gestoso (CNN internacional) le espetó en la cara a Julio M. Sanguinetti refiriéndose –obviamente- a sus años de Gobierno: “en el Uruguay la prensa no es el cuarto poder sino un poder de cuarta”. Mi opinión, estimado Jorge, es que un poder de cuarta es la negación del poder, pero lamentablemente en aquellas épocas, la prensa en nuestro país FUE un PODER –así, con mayúsculas- de primera y muy grande, tremendo, pero en las manos de un Presidente que supo manejarlo a la perfección, como siempre y en todo, al exclusivo servicio de sus espurios intereses.

Concluyendo: si para Mujica “la mejor ley de prensa es la que no existe”, quien podrá dudar que Sanguinetti, hombre de gran cultura, brillante, genial (obviamente que todo ello como eximio plagiador) no haya pensado desde siempre (mucho antes “que el mal hablado”  Pepe Mujica) que “no hay mejores leyes que las que no existen”.

Si no lo pensó, actuó como si así fuera.

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